Cuarto domingo de Pascua

Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por sus ovejas.

 

“Yo soy el Buen Pastor”. Son
muy tiernas estas palabras con las que Jesucristo hablaba de si mismo. Se
llamaba el Buen Pastor, y explicaba: el Buen Pastor conoce a sus ovejas y sus
ovejas le conocen a él. Al asalariado “no le importan las ovejas”, pero el Buen
Pastor da la vida por ellas y las ovejas siguen su voz. Yo conozco a mis ovejas
y ellas me conocen.

 

         Él demostró en su pasión que era el Buen Pastor:

1º Entra por la puerta del Redil y no por otra parte. Este sentido es muy
místico. La puerta es la voluntad: Jesús entra en nuestra alma sin violencia:
Él nos persuade a seguirle conquistándonos con su Amor y con la luz de su
Sabiduría.

2º Si luego por el Redil entendemos la Iglesia, la Puerta es la potestad
sea en el Cuerpo real que en el místico, y el Portero que le abre es el Sumo
Pontífice por cuyo magisterio podemos conocer a Jesucristo.

 

Él quiso perpetuar el Oficio de Buen Pastor,
desarrollando tres tareas:

1º Vigila: Llevamos 19 siglos que, en todo el mundo y en todos los
tiempos, vigila para cuidar en nuestras necesidades.

2º Defiende: Para defendernos se sometió a muchos padecimientos y
humillaciones.

3º Apacienta: Nos nutre con las Luces de Su doctrina.

 

Vol. 11, archivo 1878